Sois todas unas putas.

Te conocí un bonito día de primavera. Las primeras semanas fueron de una intensidad preciosa.

Canciones románticas.

Puestas de sol.

Besos a todas horas.

“Yo nunca te fallaré”

Sentía lo que siempre había soñado sentir. A pesar de ello algunas cosas empezaron a llamarme la atención des del principio:

Alguna reacción exagerada.

Aquel ¿Por qué has tardado tanto en contestar?

El tenue “Yo te quiero más que tú a mi”.

“No soportaría que volvieran a hacerme daño. ¿No me vas a hacer daño, verdad?

La forma en la que hablabas de otras mujeres de tu pasado, que veías por la calle, de tus amigos…

Algunas bromas machistas que según tú me tomaba muy a la tremenda.

De repente un día llego tarde de trabajar. Te encuentro enfadado, no me das un beso, tus gestos son muy bruscos.

“Sois todas unas putas. Me estás engañando con otro? ¿Te crees que soy tonto y me voy a creer lo del atasco?

A partir de ahora me vas a tener que mandar la ubicación si quieres que te crea. Y fotos de donde estás y con quien.

Te he llamado y no me has cogido el teléfono. Dime con quien estabas y a lo mejor no te mando a la mierda.

¿Por qué lloras? Soy yo que está enfadado. Me importa una mierda que me `pidas perdón.

No quiero volver a verte sois todas iguales.”

Al día siguiente flores, llamadas, mensajes y lágrimas.

“Lo siento, no volverá a pasar. A veces cuando me enfado se me va la olla, ya me conoces. Yo no te llamé puta, fuiste tu que me entendiste mal”.

Y seguimos. Reconciliados, con la lección aprendida los dos, enamorados.

Cada vez eras más difícil de saciar. Más enfados, más exigencias.

No poder hablar con nadie sin que tu mirarás lo que decía.

Salir cada vez menos con mis amigos para evitar discusiones.

Insultos que luego negabas.

Mentiras y al pedirte explicaciones me decías que estaba loca, o que estabas cansado, o que era una tontería.

Una escena de celos detrás de la otra.

Manipulaciones de todo tipo.

“Las mujeres no hacen eso.

Mi ex era mejor en esto otro.

Yo no te comparo, eres tu que eres una insegura y una floja.

Siempre estás llorando.

¡Qué mierda de relación me estás haciendo tener!

Yo solo soy así contigo.

No me presiones, si no te gusta ya sabes.

¿Dónde vas vestida así?”

El paso de los meses empezaron a hacer mella en todo mi ser.

Me miraba al espejo y me odiaba.

Tenía miedo a hacer cualquier cosa. Nunca acertaba.

Me sentía inferior, poca cosa.

La ansiedad y la depresión se apoderaron de mi.

La ira que sacaba siempre cuando estaba sola, el daño que me hacía para calmar el malestar emocional que sentía de vivir todo ello.

Me jodiste la vida.

Me maltrataste.

Amenazabas con pegarme, con pegar a mis compañeros de trabajo, me espiabas, me mirabas el correo, las conversaciones con mis amigas.

En la última discusión después de insultarme, culparme por hacerlo.

Amenazarme por milésima vez con hacerme daño.

Echarme del coche y antes de dejarme tirada bajar la ventanilla y decirme: “si me entero que me has engañado te juro que te acordarás de mi. Puta, que eres una maldita puta”.

Con mucha ayuda conseguí mantenerme lo suficientemente alejada de ti para pedir ayuda.

Me destrozaste la alegría, los nervios, la autoestima, el estado de ánimo, a mi entorno…

Soy yo la que he tenido que recomponer todos los trozos.

Mientras tu campabas a tus anchas, haciéndote el chulo, difamándome y vigilándome sin acercarte demasiado.

Aún hoy llegan restos del naufragio a mi costa en calma. Sigo sintiendo miedo en muchas ocasiones y sigo haciendo esfuerzos por no desmoronarme.

Pero ya no te voy a dar nada más.

Soy una mujer libre, empoderada y orgullosa de mis cicatrices.

YA NO PUEDES HACERME NADA MÁS.

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